Recuerdo con añoranza aquel fin de semana en el que nos juntamos unos viejos amigos del barrio de toda la vida alquilando una casa rural. La casa estaba en el pueblo de los calpes de la provincia de castellon muy próximo a las provincias de cuenca y teruel. Recuerdo que llegamos por la tarde despues de un viaje de apenas 200 km y lo primero que hicimos fue meter rápidamente las cosas en la casa rural y rápidamente preparar algun picoteo para estrenar esas flamantes cajas de cerveza que estaban buscando dueño. Sin darnos mucha cuenta la noche se nos cayo encima, momento en el que el último amigo llegaba desde la parte más lejana del pais, y recuerdo perfectamente la expresión de ¡mira que cielo! que soltamos los amigos que recibíamos al último de la cuadrilla. No dábamos crédito a semejante espectáculo de estrellas, y eso que soy gran aficionado a la astronomía, pero me era muy difícil distinguir las contelaciones por semejante cambio de escenario al que estaba asistiendo atónito aquella noche. Era tal la cantidad de destrellas que estaban ahí arriba que apenas me daba cuenta de las formas básicas de ciertas constelaciones archiconocidas como orion, casiopea, osa mayor, cochero, etc. Me llamaba poderosamente la atención lo bien que se veía ese cúmulo globular abierto llamado “las pléyades” o siete hermanas porque era un nido de estrellas azules en medio del firmamento. Mas impresionado me quedé al poder ver casi a simple vista con el rabillo del ojo a nuestra galaxia hermana del grupo local “Andrómeda”, y a planetas como marte y Jupiter que parecían dos faros casi deslumbrantes…. pero el espectáculo más alucinante fue el de la propia via láctea que parecía una autopista en mitad del cielo. Aquella noche decidimos beber las cervezas fuera, helados de frio, pero merecía la pena semejante espectáculo. …de vuelta a la ciudad es cuando uno se da cuenta de como maravillas que más de uno no ha visto nunca están ahí fuera pasando desapercibidas por la contaminación lumínica que emitimos.