Hemos dedicado algunas ediciones del -Maná del Lunes- para hablar sobre el uso y el abuso de la palabra hablada. Parece que, con la proliferación de los canales de TV 24 horas, programas de radio de entrevistas y comentarios, internet y otros medios de expresión, esta cuestión se tornó más importante que nunca.
Un popular y controvertido presentador de entrevistas en la radio sufrió severas críticas por los comentarios que hizo, repentinamente, al aire. El quería se humorista y divertir a los oyentes, pero no fue lo que sucedió con los miembros del grupo étnico al cual se refirió. Fue retirado del aire, y tuvo que dejar un trabajo de años.
Un viejo adagio dice -Las piedras y palos pueden romper mis huesos, pero las palabras nunca podrán herirme-. Ya es hora de jubilar este dicho de una vez por todas. El no es y nunca fue verdadero. Los daños causados por las palabras ásperas e insensibles pueden ser más dolorosos y duraderos que las heridas físicas. Las palabras dichas en un impulso de rabia, o sin la debida consideración, entre los cónyuges, padres e hijos, o hermanos, causan sufrimiento dentro del hogar. En el trabajo, donde las expectativas son latas y las presiones intensas, las palabras llenas de carga emocional, hieren tan profundamente como una navaja afilada.
Los motivos que están por detrás de las palabras ásperas pueden ser muchos: frustración, hostilidad, envidia, orgullo, celos, ira. Muchas veces, después de decir palabras inapropiadas, a veces nos gustaría retroceder el tiempo, pero el daño ya fue hecho. Los pensamientos venenosos dejan una profunda marca mental. ¿Cuál es la solución?
Muchas cosas en la vida son espontáneas, inclusive las palabras dichas descuidadamente. ¿Cómo podemos evitar ser la causa de esa destrucción verbal con relación a las personas con quien trabajamos, con quien nos preocupamos y con quien amamos? El libro de Proverbios, en la Biblia, contiene ideas que valen ser consideradas:
. Proteja sus palabras como bienes preciosos. Así como el citado locutor de radio pagó un precio alto por las palabras dichas sin pensar y con extrema sensibilidad, también deberíamos estar concientes de las consecuencias de comentarios que carecen de consideración, no importando si encajan bien en la situación. -Yo no pretendía que sonase de aquella forma- es una disculpa común, pero inaceptable. -El que guarda su boca, guarda su alma. Mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad- (Proverbios 13:3).
. No permita que las emociones gobiernen su lengua. Manténgase conciente de los peligros potenciales de hacer declaraciones emocionales rudas, de las cuales pueda arrepentirse después. Una pausa para analizar cuidadosamente lo que va a decir, puede ahorrarle la desagradable tarea de tener que remediar o deshacer daños de palabras dichas sin sabiduría. -El que ahorra sus palabras tiene sabiduría, De espíritu prudente es el hombre entendido- (Proverbios 17:27).
. Si tiene dudas, quédese callado. Cierto estadista dijo: -Mejor permanecer callado y ser considerado tonto, que abrir la boca y no dejar dudas sobre eso- Cuando sobre tensión o en situaciones cargadas de emoción, somos tentados a expresar nuestros pensamientos que surgen en la mente. -Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio, El que cierra sus labios es entendido- (Proverbios 17:28).
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En 1976 compré un reloj usado de un amigo. Era un Rolex Daytona Cosmograph. Pagué por el reloj US$ 150. Lo usé todos los días durante los 6 años siguientes, durante los cuales gasté cerca de US$ 700 para mantenerlo en las condiciones apropiadas de funcionamiento. Eso incluyó enviarlo a Suiza en una ocasión para limpieza y lubricación. Gradualmente se tornó claro para mí que usar un reloj tan costoso diariamente no era nada práctico. Era tan coherente como ir al trabajo en un Ferrari.
Cierto día, mientras participaba en una feria en Chicago, un hombre que yo nunca había visto me ofreció US$1,200 en dinero por el reloj que estaba en mi pulso. Aunque no planease separarme del reloj, lo vendí inmediatamente, sin titubear. Al día siguiente fui a mi tienda preferida y compré un reloj simple de US$ 50, lo que me dejó con un lucro de US$ 1,150. Yo me sentía muy feliz. Amé el Rolex y aprecié su trabajo, pero ya se había tornado un fardo.
Durante años, Paul Newman, el legendario actor, ha sido fotografiado diversas veces usando un reloj exactamente igual a mi viejo Rolex. Aquel modelo desde entonces se tornó conocido como el -Reloj de Paul Newman-. Tal vez él haya visto el reloj más práctico de lo que yo pensé.
No mucho tiempo después de haber vendido mi Rolex, comencé a ver algunos anuncios de personas que se ofrecían a comprar un Rolex Daytona por US$ 3,000 o más. El valor actual para aquel modelo en particular, pienso yo, es de US$ 17,000. Y recientemente uno de ellos fue vendido en una subasta por US$ 84,000.
¿Me arrepiento de haber vendido mi Rolex por US$ 1,200? ¡De ninguna manera! Lógico que prefería tener US$ 17,000 a US$ 1,200. Pero para mí, tener un reloj de ese valor sería un fardo tremendo, mucho mayor de lo que aquel reloj significó para mí, pero nunca podría usar un reloj de aquel valor y la tarea de mantenerlo a salvo y funcionando bien sería un gran fastidio.
Hebreos 12:1, en el nuevo testamento de la Biblia dice: - dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta.- Relojes, carros o guitarras caras no son cosas malas, pero pueden sobrecargarnos e interferir en nuestra habilidad para vivir libremente como nos gustaría, sin ser estorbados por la preocupación con nuestras -cosas-.
Conozco personas que tienen cámaras tan caras que nunca las sacan fuera de sus casas; instrumentos musicales tan valiosos que jamás son tocados; carros tan caros que nunca son guiados. Supongo que el conocimiento de poseerlos ofrece un cierto grado de placer, pero para mí, son fardos que nos impiden vivir. En vez de poseerlos, ellos nos poseen.
El reloj que uso actualmente fue comprado en un kiosco de un centro comercial. No es un Rolex, pero funciona muy bien, mostrándome la hora con precisión. Ya decidí que cuando el reloj pare de funcionar, no voy a tener que preocuparme con reparos o mantenimientos complicados. Puedo simplemente desecharlo y comprarme otro. Puede ser que no tenga el prestigio de un Rolex, pero para mí la compensación está en su practicidad.
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Un de los beneficios de trabajar en una oficina en casa es la flexibilidad. Puedo, cuando quiero, cuidar de las necesidades personales y familiares en el transcurso de mi día de trabajo. Eso me ha proporcionado oportunidades únicas, como cuando llevaba a mi nieta de tres años a la escuela, una vez por semana.
Un día, la busqué después del aula y me quedé escuchando su conversación sobre como había sido su día en la escuela. Ella tenía más habilidad en conversación que muchos adultos. A cierta altura, su comentario me hizo reír mucho. Recobrada la compostura, yo le dije: -Tu eres muy especial-, sin dudar, como si fuese la cosa mas trivial del mundo, ella respondió: -¿No sabias de eso, Pop?-
Mi nieta es bendecida por tener padres y abuelos amorosos, que con frecuencia le dicen lo especial que ella es, de modo que ella no tiene la menor duda sobre eso. Ella lo acepta como un hecho, de la misma manera que sabe que el pasto es verde, y que el cielo es azul. Pero muchos de los que trabajan en el medio empresarial y profesional no creen sobre el hecho de que son especiales.
Podemos tener conciencia de habilidades, experiencias y talentos que usamos en el ejercicio de la vocación que escogemos, pero, ¿será que realmente nos vemos como -seres especiales-? Con frecuencia las personas son consideradas, en el mercado de trabajo, como recursos no indispensables, pudiendo ser fácilmente descartadas, cuando su valor disminuyó o surge alguien capaz de hacer el mismo trabajo por un costo menor. Ciertos jefes actúan como si los elogios y las felicitaciones por el buen desempeño fuesen una profanación inaceptable. Así, algunos jamás escucharan en su trabajo lo especiales que son.
Pero existe un lugar, en la Biblia, donde podemos ver sin sobra de dudas, que el Dios de todo el universo nos considera muy especiales. Recordemos la importante declaración: -Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.- (Juan 3:16). El -todo aquel- de esta frase nos incluye a usted y a mi. En otro lugar, la Biblia afirma: -Mas Dios encarece su caridad par con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.- (Romanos 5:8). En otras palabras, aunque seamos indignos de su amor, Dios nos acepta. Y la Biblia habla más sobre el hecho de que somos -especiales- ante los ojos de Dios:
. Dios tiene planes especiales para nosotros. ¿No es bueno saber, al ser contratados, que el director tiene planes especiales para nosotros en la empresa? Mucho antes de haber dedicado un único pensamiento a Dios, Él ya tenía claras intensiones, un proyecto específico, para nuestra vida. -Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis- (Jeremías 29:11).
. Dios tiene un llamado especial para nosotros. En el mercado de trabajo, así como en la vida, saber que hay una función definida, especialmente planeada para nosotros, trae alegría y un increíble sentimiento de realización. La Biblia dice que a los seguidores de Cristo les fue atribuida una tarea muy especial: -al cual allegándoos, piedra viva, reprobada cierto de los hombres, empero elegida de Dios, preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados una casa espiritual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo.- (I Pedro 2:4-5).
. Dios tiene un lugar especial para nosotros. ¿Usted se acuerda del entusiasmo que sintió cuando le mostraron por primera vez su escritorio de trabajo y saber que aquel lugar estaba reservado especialmente para usted? Jesús dice que lo es igual en relación a la eternidad. -En la casa de mi padre muchas moradas hay; de otra manera os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. (Juan 14:2)
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Años atrás, en una clase de psicología, aprendí que delante de los conflictos, las dos reacciones posibles son: -luchar- o -volar-, una elección entre huir del problema o enfrentarlo. Desde entonces he observado que correr o pagar con la misma moneda parecen ser las respuestas más naturales. Pero, ¿será que son las respuestas correctas?
Jesús fue frecuentemente visto como radical y, de muchas maneras, es así también en nuestros días actuales. Al contrario de los psicólogos, él sugirió una respuesta diferente para los conflictos: -Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes a cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra; y al que quisiere ponerte a pleito y tomarte tu ropa, déjale también la capa; y a cualquiera que te cargare por una milla, ve con él dos.- (Mateo 5:39-41)
Él estaba sugiriendo que, respuestas así, son la única manera de transformar conflictos en relaciones positivas. Los conflictos forman parte de la experiencia humana y ocurren en todos los niveles: familias, amigos, trabajo, política, relaciones internacionales, e inclusive en la esfera religiosa. La manera de lidiar con los conflictos dice mucho de nosotros, revelando nuestro carácter y estatura en la sociedad. No importa el ambiente, las reglas establecidas para la solución de conflictos son las mismas. Tal vez por eso la enseñanza de Jesús de cómo lidiar con los conflictos parezca tan contraria a nuestras reacciones naturales. Puede parecer radical, pero también puede ser libertador.
Stanley Marcus, fundador de lujosas tiendas, contó la historia de una mujer que fue a una de sus tiendas reclamando que las llantas de su carro se gastaron prematuramente. El gerente le explicó que la empresa no vendía llantas y que ni siquiera tenía un departamento automotriz. La mujer insistía que había comprado las llantas en aquella tienda y exigía el cambio inmediato.
Aunque tuviese todo el derecho de refutar las alegaciones, Stanley Marcus mandó que le compraran un juego de llantas nuevas y como si no bastase, también pagó por el cambio de aceite. El no tenía que hacer eso, pero ese tipo osado de servicio al cliente hizo de su cadena de tiendas una leyenda, con una base de clientes extremamente fieles.
Parece que a nuestro alrededor siempre hay personas huyendo de los problemas, en vez de perseverar y lidiar con ellos. Otros escogen luchar constantemente, sancionando cada sensación de injusticia. Pero Jesús sugirió una tercera opción, en vez de huir o luchar, era mejor reaccionar con amor y comprensión. Esta es la mejor de todas las opciones.
Una observación similar fue hecha por el rey Salomón, conocido como el hombre más sabio de todos los tiempos. Él observó que, en vez de responder con ira a una persona airada, -La blanda respuesta quita la ira: mas la palabra áspera hace subir el furor.- (Proverbios 15:1). Responder a un comentario duro o a una ofensa grave, de manera gentil, es la verdadera marca del carácter. De las tres posibles respuestas a un conflicto verbal, responder con amor y bondad es la más difícil y exige una mayor fuerza y autodominio.
En el mundo empresarial aprendí que responder a un problema con amor y empatía es el medio ideal para desarrollar lealtad del cliente. Es fácil reaccionar y pelear cuando el cliente reclama injustamente. Pero si él le pide que -camine un kilómetro más- y usted hace más, probablemente ganará un cliente y amigo para toda la vida.
En la empresa en la que soy gerente, ya tuve clientes reclamando que el café no estaba suficientemente caliente, inclusive cuando comprobé que estaba a una temperatura recomendada. Siempre que eso sucede, en vez de discutir, simplemente pido disculpas y caliento la bebida un poco más. Como decía Stanley Marcus: -El cliente siempre tiene la razón-. Lo que él quería decir es que si usted trata al cliente como si él tuviese la razón, aunque no la tenga, el resultado podrá sorprenderlo.
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Imagine sus manos firmemente agarradas al asta del trapecio mientras usted mira hacia el suelo, 25 metros abajo. Al respirar hondo y lanzarse de la plataforma del trapecio, usted expulsa toda la duda de su mente: duda si su compañero de acrobacias está preparado o no para cogerlo cuando sea necesario.
Balanceándose cada vez más alto, usted llega al momento crucial de definición, ¿va a soltar las manos del trapecio, dejando total control sobre le resultado, o continuará agarrándose para retornar a la plataforma decepcionando al público y a su equipo de acrobacias?
Soltando las manos usted estará demostrando la fe que tiene en su compañero y que su sentido de oportunidad y el momento de cogerlo serán perfectos. Sus esperanzas pueden estar basadas en sus experiencias pasadas, pero este momento todavía está sucediendo.
Al mirar el desempeño, hace algún tiempo, del Circo du Soleil, fui testigo de esa increíble cena en pocos instantes. La fe exigida de los participantes y la precisión de su control fueron igualmente impresionantes.
El libro de Hebreos (11.12), en la Biblia, nos dice: -Es pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven.- Muchos de nosotros somos confrontados con decisiones que exigen el ejercicio de una cierta medida de fe, aunque no sea exactamente volar en un trapecio a 25 metros del suelo. El foco de nuestra fe puede estar en delegar a un empleado algo que él podría hacer tan bien como nosotros lo haríamos. O quien sabe, involucre la construcción o compra de nuevas instalaciones para su empresa, sin que haya garantías que las ventas serán suficientemente grandes como para cubrir los costos cuando la obra estructural esté completa.
En el mundo de los negocios, y más que nunca en el siglo XXI, cada día se presentan riesgos que exigen cierto grado de fe. Es claro que usted podría aferrarse a aquellas pocas cosas que parecen seguras, evitando inseguridades, pero eso podría llevar al desastre. Si usted evita el riesgo, puede estar seguro por un tiempo, pero probablemente más tarde van a presentarse serios contratiempos. Dar un salto de fe, por otro lado, puede traer grandes recompensas y un futuro brillante. Grandes líderes, grandes empresas y grandes realizaciones resultan de la disposición para actuar con fe, inclusive a veces cuando los hechos parecen contrarios a las decisiones definitivas.
Si usted está enfrentando un momento decisivo en su emprendimiento, profesión o en su vida, considere cuidadosamente de que o de quien depende su fe, y esté listo para soltar la barra del -trapecio-, en una demostración de confianza en lo que deposita su fe.
Es por ese motivo que millones de personas, hombres y mujeres, comienzan cada día de trabajo con oración, expresando su fe en Dios, aquel que conoce con perfección las cosas por las cuales podemos esperar, aquel que claramente ve las cosas que nosotros no podemos ver. Las oraciones de esas personas no reflejan fe en aquello que deseamos sea verdad, sino en la confianza y la seguridad de que el Dios al que adoran y sirven es fiel y guiará sus pensamientos, palabras y acciones.
Josué asumió la gran tarea de liderar dos millones de personas después de la muerte de Moisés. Si hay alguien que ya se sintió desafiado por la confianza en las cosas que esperaba y por la seguridad de aquellos que no podía ver, éste fue Josué. Sin embargo, Dios repetidas veces le dijo: -Sea fuerte y valiente-.
¿Cómo Josué podría hacer eso? Dios le dijo como: - Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo en dondequiera que fueres- (Josué 1:9).
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Hace algún tiempo un sabio hizo una observación que me dejó pensando durante días: -La tristeza es la puerta para la alegría y la aflicción es el camino para la paz-. ¿Qué será que quiso decir con -la tristeza lleva a la alegría y la aflicción a la paz? ¿Cómo eso es posible? Si hay algo que tratamos de evitar siempre es la tristeza y la aflicción.
En la medida en que consideraba esa afirmación paradoxal, llegué a otra conclusión que parecía ser el resultado de: -El éxito incesante es el camino para el orgullo y para la arrogancia-. Si la tristeza, aflicción y fracaso pueden servir para conducirnos a la alegría, paz y humildad, entonces será que el éxito, intocado y no controlado por los contratiempos de la vida, nos llevará a ser engañados por nosotros mismos, deleitándonos en nuestras realizaciones y esclavizándonos.
Recientemente entrevisté a un hombre que por el hecho de que su padre inculcó en él una vigorosa e inflexible ética profesional durante su formación, declaró: -Yo honestamente creía que no podría fracasar, si trabajase duramente-. Pero llegó el día en que él fue forzado a admitir: -fracasé, sin importar cuanto haya trabajado arduamente y fui incapaz de revertir mi terrible situación-.
Esta crisis, como se reveló, probó ser una profunda y maravillosa experiencia de aprendizaje para ese líder, que al final transformó su manera de pensar sobre los negocios y revolucionó su perspectiva sobre los que trabajaban para él. El fracaso no disminuyó el valor que él atribuía al trabajo arduo y diligente, pero por primera vez él fue capaz de reconocer sus propias limitaciones. Aún más importante: él se dio cuenta que necesitaba confiar en Dios para darle sabiduría y fuerza, que no podría alcanzar por sí mismo.
La Biblia habla caramente sobre esas cuestiones: la alegría envuelta por una capa de tristeza y fracaso iluminando la vereda del éxito.
La alegría toma el lugar del dolor cuando el objetivo es alcanzado. Sea en los negocios, en la vida familiar o en las búsquedas personales, experimentamos el sufrimiento y la aflicción en el proceso de búsqueda por objetivos. Jesucristo comprendió eso hablándole a sus seguidores sobre las agonías que enfrentarían, él usó una analogía del parto: -La mujer cuando pare, tiene dolor, porque es venida su hora; mas después que ha parido un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo- (Juan 16:21). El sabía que aunque ellos fuesen a tener un intenso sufrimiento por su muerte, esa tristeza sería después substituida por alegría sin límites. -También, pues, vosotros ahora ciertamente tenéis tristeza; mas otra vez os veré, y se gozará vuestro corazón, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo- (Juan 16:22).
El fracaso revela donde encontrar el verdadero éxito. Siempre aprendemos más con el fracaso que con el éxito. Este puede resultar de factores fuera de nuestro control, que van de la simple suerte de estar en un lugar correcto en la hora correcta, o del trabajo arduo e iniciativas. Pero al fracasar, parece fácil apuntar la causa. Si fuimos honestos descubriremos que la causa para el fracaso puede estar en nosotros mismos.
David Entendió: -Y dije yo en mi prosperidad: no seré jamás conmovido
escondiste tu rostro, fui conturbado. A ti, oh Jehová, clamaré; y al Señor suplicaré. Has tornado mi endecha en baile: desataste mi saco, y ceñísteme de alegría- (Salmo 30:6-11).
Viviendo en un mundo tangible somos tentados a confiar y depender de nuestra empresa, posición, poses materiales, habilidades y fuerzas innatas. Pero, cualquiera de ellas puede perderse en instantes. La única ancla confiable e inamovible es Dios.
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Una de mis búsquedas incesantes es descubrir porque ciertas personas son exitosas en todo lo que realizan, mientras que otras parece que siempre requieren de mucho esfuerzo luchando en todo lo que hacen. Creo que una pista está en la Biblia, en el libro de Filipenses 2:4, -No mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual también a lo de los otros.-.
No se trata apenas de un buen consejo, sino probablemente del mejor consejo de negocios que pueda pensar. El conferencista y consultor Zig Ziglar, frecuentemente afirma: -Usted puede tener en la vida todo lo que quiera, si ayuda a otras personas a conseguir lo que ellas quieren-
En la cafetería que administro tuvimos últimamente algunos problemas con los funcionarios que o salían más temprano o llegaban atrasados. Tratamos de acomodar sus necesidades, si alguien tiene que salir más temprano, o llegar más tarde, o llamaba avisando que estaba enfermo, u otro va a tener que mudar sus planes. Una persona que llega atrasada al trabajo, significa que otra tendrá que trabajar hasta más tarde de lo que había planeado. El deseo de una persona de colocar sus planes por encima del compromiso de trabajo significa que otra tendrá que cancelar un compromiso, mudar los planes para la cena o perder una reunión importante.
Lamentablemente, con frecuencia, no vemos las cosas de esa manera. Encaramos las decisiones que tomamos como cosas aislada, con poco o ningún impacto sobre otras personas. La elección de mantener una promesa puede ser a veces inconveniente, pero su cumplimiento puede mejorar grandemente la habilidad de alguna persona en satisfacer una necesidad urgente o alcanzar un objetivo muy deseado.
La habilidad (o la falta de habilidad) de colocar los intereses de otros por encima de los nuestros, a largo plazo, se traduce en una cosa: ganadores y perdedores. El egoísmo siempre tiene como resultado la pérdida, mientras que el cuidado con los otros resulta en victoria para todos los involucrados.
Hemos sido afortunados en nuestro negocio, por disponernos a ayudar a los jóvenes a aprender y a aplicar esos principios precozmente. Es placentero ayudar a formar en ellos hábitos de trabajo, aumentando así, sus oportunidades de éxito, al aprender la importancia del trabajo arduo y del cuidado con los intereses de otras personas, inclusive cuando eso requiere algún sacrificio personal.
Generalmente oímos comentarios como: -Cuide del número 1- (usted mismo) y el egocentrismo parece algo que todos compartimos, por lo menos en cierta medida. Colocar a otros por encima de nosotros mismos requiere humildad, disposición consciente para subordinarnos en beneficio de otros, sea en el trabajo, en el hogar o en la comunidad, humildad es siempre una cualidad atrayente, tal vez porque la vemos raramente.
Si usted quiere ser diferente y atraer la atención, practique colocando a otros antes que a usted mismo. Tal vez descubra que este tipo de comportamiento es un vicio.
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La tecnología y la alta eficiencia en el mercado de trabajo actual trajeron muchos beneficios, pero también trajeron consecuencias onerosas. Mientras lidiamos, por ejemplo, con inundaciones de e-mails y de correos de voz y con la responsabilidad en nuestro empleo, nuestra capacidad para desarrollar y mantener amistades permanentes enfrenta cada año mayores desafíos.
Muchos en el mundo profesional y empresarial, inclusive yo mismo, han recibido entrenamiento en administración de tiempo y gestión de prioridades, con el objetivo de tener mayor eficiencia. Mejorar la producción y ayudarnos a eliminar puntos de la lista diarias de -Cosas para hacer-. Sin embargo, estoy preocupado con la manera como estas exigencias están afectando nuestras relaciones a largo plazo.
Un factor importante, generalmente olvidado en nuestra búsqueda incansable por el éxito, es que la realización y el triunfo usualmente resultan del trabajo en conjunto en donde las personas comparten sus talentos y habilidades, en la búsqueda de una misión común. Mis amigos más cercanos son aquellos que frecuentemente se ofrecen para ayudar cuando más lo necesité. Sin embargo, nuestras agendas llenas están tornando cada vez más difícil cultivar esas valiosas relaciones. Por eso, a veces imagino, si en mi funeral irán solo las personas que se sintieron obligadas a estar allá o aquellas comprometidas con nuestra amistad.
En el capítulo 10 del Evangelio de Lucas, en la Biblia, hay un relato conocido sobre un momento en que Jesús visitó la casa de las hermanas Maria y Marta. Esta era perfeccionista y usaba mucho tiempo trabajando diligentemente, preparando la comida para Jesús y sus amigos. Mientras tanto; Maria, al contrario, prefería sentarse a los pies de Jesús, dedicándole tiempo para simplemente estar con su Señor, en vez de estar atareada haciendo alguna cosa para Él.
Marta se molestó con su hermana por no ayudarla con los preparativos. No podemos culparla. Obviamente había muchas cosas para hacer y la ayuda de la hermana era bienvenida. Aparentemente ella se molestó también con Jesús, por no reprender a María y por no decirle que se ocupe de alguna tarea.
Viendo la queja de Marta, Jesús actuó de una manera sorprendente: -Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada: empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada- (Lucas 10:41).
Pensando en ese relato, un buen aviso para mi y espero que usted también, entendí que las relaciones que cultivamos son más significativas y más importantes que las tareas que realizamos. Cumplir metas es muy importante, pero necesitamos recordar del valor de las relaciones y reconocer cuando es más importante colocar de lado los proyectos, aunque sea por algunos instantes, e invertir tiempo con un amigo.
Nuestro trabajo siempre estará esperando por nuestra atención y acción. Pero ser negligentes con nuestras amistades puede debilitarlas e inclusive matarlas. Piense en esto: -¿Hay alguien a quien usted necesite contarle algo hoy, alguien importante para usted, una relación preciosa que no desea perder?-
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(Nota del Editor: En la víspera de su muerte, Jesús dijo estás palabras alentadoras: - Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere, y os aparejare lugar vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo; para que donde yo estoy, vosotros también estéis- Juan 14:2-3)
Como el próximo domingo ya es pascua, presentamos este texto extraído del best-seller, -Heaven- (paraíso), de Randy Alcom, en el que describe lo que espera de los seguidores de Jesús. Me gusta observar a los peces del océano en un acuario, pero siento como si algo estuviese mal. Ahí no es su lugar. Aquella no es su casa. Los peces no fueron hechos para estar en pequeñas cajas de vidrio, fueron hechos para el inmenso océano. Supongo que los peces no tienen conciencia de eso, pero imagino si sus instintos no les dicen que su verdadero hogar es en otro lugar. Lo que se es que nuestros instintos nos dicen que este mundo decaído no es nuestro hogar, fuimos hechos para un lugar mejor. El teólogo Donald Bloesch sugiere: -Nuestra mayor aflicción no es la ansiedad, ni la culpa, sino la nostalgia del hogar, la nostalgia o la ansia que no puede ser extirpada de estar en casa con Dios-.
Los esclavos cristianos cantaban acerca de -ir para el hogar, para vivir con Dios-, y sobre un carruaje que -vendrá para llevarme al hogar-. Los cristianos siempre pensaron en ir al paraíso como ir a casa. Cuando Jesús dijo que estaba yendo a prepararnos un lugar, se refería a construirnos un hogar. Para entender sobre el paraíso necesitamos comprender el significado de hogar.
¿Ya participo de un viaje que se tornó una pesadilla, con todo el mundo enfermo y todo yendo mal? ¿Qué fue lo que usted más deseó en ese momento? ¡Volver a casa! En su imaginación podía sentir la comodidad de su cama, saborear una deliciosa comida casera e imaginar la compañía de la familia y amigos riendo juntos delante de la chimenea, contando sobre lo que salió mal en el viaje. No importa cuanto apreciemos nuestros viajes lejos de casa, siempre pensaremos en regresar al hogar. Saber que podemos volver a casa es lo que nos mantiene en movimiento, y eso es lo que el Paraíso debe ser para nosotros. El debe mantenernos caminando porque es nuestro hogar eterno, el refugio acogedor que nos espera y nos llama por nuestro nombre.
No es mi intención romantizar el hogar. Se que muchas personas vivieron experiencias terribles en sus hogares. Pero nuestro verdadero hogar es el paraíso, tendremos muchas veces multiplicadas todas las cosas buenas de nuestras casas terrenales, y nada de lo que es malo.
Un cierto dicho dice: -Usted no puede nunca volver a casa-, esto quiere decir que mientras estemos fuera, nuestro hogar muda y nosotros también. Nuestras casas antiguas pueden haber sido destruidas o vendidas, ser renovadas o haberse deteriorado. En contraste, cuando esta vida haya acabado, y particularmente cuando lleguemos a la Nueva Tierra, los hijos de dios podrán realmente volver a casa por primera vez, de verdad. Ya que nuestro hogar jamás sufrió incendio, inundación o deterioración, nunca tendremos que imaginar si todavía estará allá cuando regresemos. Los nuevos cielos y la nueva tierra jamás desaparecerán. Ellos darán nuevo significado a la palabra -hogar-
Mi esposa y yo hemos pasado maravillosos momentos con la familia y amigos, en navidad, en las vacaciones o en momentos simples después de la cena, y hemos dicho estas encantadoras palabras: -Mejor de lo que está, no puede ser-. No importa cuan difícil haya sido su vida, usted también ya dijo eso al respecto de algún momento magnífico, ¿no es verdad? ¿Usted es capaz de pensar en por lo menos un momento en su vida, un instante en que esto pareció verdad? Bueno, esto no es verdad.
El momento más común en la Nueva Tierra será mejor que los momentos más perfectos de esta vida, aquellas experiencias que a usted le gustaría preservar o apegarse a ellas, pero no fue posible. Todo puede ser mejor, mucho mejor de lo que está y va a ser. Sin miedo de que la vida va a terminar o que vendrá una tragedia, o que los sueños sean despedazados o las relaciones se rompan.
Todos fuimos hechos para una persona y para un lugar. Jesús es esa persona y el paraíso ese lugar. Si usted conoce a Jesús, Él estará con usted en el mundo resucitado. Con el Señor que amamos y los amigos que apreciamos, embarcaremos juntos en la última aventura, en un espectacular universo nuevo a la espera de que lo exploremos y dominemos. Jesús será el centro de todas las cosas y la alegría será el propio aire que respiramos. Y pensaremos: -Mejor de lo que está, no puede ser– ¡va a ser!
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Se dice de un Ranchero que tenía una mula llamada Eureka y que en un lindo día de verano se cayó dentro de un pozo. El ranchero escuchó a la mula gritando, o haciendo lo que las mulas hacen cuando caen dentro de pozos.
Después de evaluar cuidadosamente la situación, el ranchero, aún sintiendo compasión por la mula, decidió que ni ella ni el pozo valían la pena el esfuerzo que tendría que hacer para salvar la mula. En vez de hacer eso, reunió a los vecinos y les contó lo que había sucedido pidiendo que lo ayudasen a tirar tierra dentro del pozo para enterrar a la mula y acabar con su sufrimiento.
Al principio, la vieja Eureka, estaba histérica. Pero a medida que el ranchero y sus vecinos proseguían con el trabajo y la tierra caía sobre su lomo, ella lo sacudía y lo usaba para dar un pequeño paso hacia arriba. Y así lo hizo.
-Sacúdelo y da un paso hacia arriba, sacúdelo y da un paso hacia arriba, sacúdelo y da un paso hacia arriba- repetía Eureka para darse valor.
Sin importarle cuando pudiese doler cada pala de tierra que caía encima de ella o cuan difícil estaba la situación, Eureka combatió el propio pánico y se mantuvo firme -sacudiendo la tierra y dando un paso hacia arriba.-
No demoró mucho y la vieja mula, sucia, lastimada y exhausta, saltó por encima del muro del pozo. Lo que aparentemente parecía sepultarla, acabó siendo una bendición para ella, por la manera como encaró la adversidad.
¡Eso sucede frecuentemente en nuestras vidas! Nos enfrentamos con problemas, reaccionamos de manera positiva y rechazamos entregarnos al pánico, a la auto piedad o la amargura. ¡Las adversidades que surgen para enterrarnos, traen consigo mismas el potencial para beneficiarnos y para bendecirnos! Recuerde que debe hacer uso del perdón, de la fe, de la oración y de la esperanza. Son excelentes formas de -sacudirse y dar un paso hacia arriba-, para salir del pozo en donde nos encontramos.
No es sorpresa que el ranchero haya dado a la mula aquel nombre -Eureka-, que significa ¡Encontré! Ella encontró la respuesta para sus problemas, y nosotros podemos hacer lo mismo. -No os ha tomado tentación, sino humana; mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar- (I Corintios 10:13).
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