Arma de Destrucción en Masa

Junio 2, 2009 on 12:00 am | En Texto Para Reflexionar |

reflexionar

Hemos dedicado algunas ediciones del -Maná del Lunes- para hablar sobre el uso y el abuso de la palabra hablada. Parece que, con la proliferación de los canales de TV 24 horas, programas de radio de entrevistas y comentarios, internet y otros medios de expresión, esta cuestión se tornó más importante que nunca.
Un popular y controvertido presentador de entrevistas en la radio sufrió severas críticas por los comentarios que hizo, repentinamente, al aire. El quería se humorista y divertir a los oyentes, pero no fue lo que sucedió con los miembros del grupo étnico al cual se refirió. Fue retirado del aire, y tuvo que dejar un trabajo de años.

Un viejo adagio dice -Las piedras y palos pueden romper mis huesos, pero las palabras nunca podrán herirme-. Ya es hora de jubilar este dicho de una vez por todas. El no es y nunca fue verdadero. Los daños causados por las palabras ásperas e insensibles pueden ser más dolorosos y duraderos que las heridas físicas. Las palabras dichas en un impulso de rabia, o sin la debida consideración, entre los cónyuges, padres e hijos, o hermanos, causan sufrimiento dentro del hogar. En el trabajo, donde las expectativas son latas y las presiones intensas, las palabras llenas de carga emocional, hieren tan profundamente como una navaja afilada.

Los motivos que están por detrás de las palabras ásperas pueden ser muchos: frustración, hostilidad, envidia, orgullo, celos, ira. Muchas veces, después de decir palabras inapropiadas, a veces nos gustaría retroceder el tiempo, pero el daño ya fue hecho. Los pensamientos venenosos dejan una profunda marca mental. ¿Cuál es la solución?

Muchas cosas en la vida son espontáneas, inclusive las palabras dichas descuidadamente. ¿Cómo podemos evitar ser la causa de esa destrucción verbal con relación a las personas con quien trabajamos, con quien nos preocupamos y con quien amamos? El libro de Proverbios, en la Biblia, contiene ideas que valen ser consideradas:

. Proteja sus palabras como bienes preciosos. Así como el citado locutor de radio pagó un precio alto por las palabras dichas sin pensar y con extrema sensibilidad, también deberíamos estar concientes de las consecuencias de comentarios que carecen de consideración, no importando si encajan bien en la situación. -Yo no pretendía que sonase de aquella forma- es una disculpa común, pero inaceptable. -El que guarda su boca, guarda su alma. Mas el que mucho abre sus labios tendrá calamidad- (Proverbios 13:3).

. No permita que las emociones gobiernen su lengua. Manténgase conciente de los peligros potenciales de hacer declaraciones emocionales rudas, de las cuales pueda arrepentirse después. Una pausa para analizar cuidadosamente lo que va a decir, puede ahorrarle la desagradable tarea de tener que remediar o deshacer daños de palabras dichas sin sabiduría. -El que ahorra sus palabras tiene sabiduría, De espíritu prudente es el hombre entendido- (Proverbios 17:27).

. Si tiene dudas, quédese callado. Cierto estadista dijo: -Mejor permanecer callado y ser considerado tonto, que abrir la boca y no dejar dudas sobre eso- Cuando sobre tensión o en situaciones cargadas de emoción, somos tentados a expresar nuestros pensamientos que surgen en la mente. -Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio, El que cierra sus labios es entendido- (Proverbios 17:28).

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