Tristeza: Puerta Para La Alegría

Abril 28, 2009 on 12:00 am | En Texto Para Reflexionar |

reflexionar

Hace algún tiempo un sabio hizo una observación que me dejó pensando durante días: -La tristeza es la puerta para la alegría y la aflicción es el camino para la paz-. ¿Qué será que quiso decir con -la tristeza lleva a la alegría y la aflicción a la paz? ¿Cómo eso es posible? Si hay algo que tratamos de evitar siempre es la tristeza y la aflicción.

En la medida en que consideraba esa afirmación paradoxal, llegué a otra conclusión que parecía ser el resultado de: -El éxito incesante es el camino para el orgullo y para la arrogancia-. Si la tristeza, aflicción y fracaso pueden servir para conducirnos a la alegría, paz y humildad, entonces será que el éxito, intocado y no controlado por los contratiempos de la vida, nos llevará a ser engañados por nosotros mismos, deleitándonos en nuestras realizaciones y esclavizándonos.

Recientemente entrevisté a un hombre que por el hecho de que su padre inculcó en él una vigorosa e inflexible ética profesional durante su formación, declaró: -Yo honestamente creía que no podría fracasar, si trabajase duramente-. Pero llegó el día en que él fue forzado a admitir: -fracasé, sin importar cuanto haya trabajado arduamente y fui incapaz de revertir mi terrible situación-.

Esta crisis, como se reveló, probó ser una profunda y maravillosa experiencia de aprendizaje para ese líder, que al final transformó su manera de pensar sobre los negocios y revolucionó su perspectiva sobre los que trabajaban para él. El fracaso no disminuyó el valor que él atribuía al trabajo arduo y diligente, pero por primera vez él fue capaz de reconocer sus propias limitaciones. Aún más importante: él se dio cuenta que necesitaba confiar en Dios para darle sabiduría y fuerza, que no podría alcanzar por sí mismo.

La Biblia habla caramente sobre esas cuestiones: la alegría envuelta por una capa de tristeza y fracaso iluminando la vereda del éxito.

La alegría toma el lugar del dolor cuando el objetivo es alcanzado. Sea en los negocios, en la vida familiar o en las búsquedas personales, experimentamos el sufrimiento y la aflicción en el proceso de búsqueda por objetivos. Jesucristo comprendió eso hablándole a sus seguidores sobre las agonías que enfrentarían, él usó una analogía del parto: -La mujer cuando pare, tiene dolor, porque es venida su hora; mas después que ha parido un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo- (Juan 16:21). El sabía que aunque ellos fuesen a tener un intenso sufrimiento por su muerte, esa tristeza sería después substituida por alegría sin límites. -También, pues, vosotros ahora ciertamente tenéis tristeza; mas otra vez os veré, y se gozará vuestro corazón, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo- (Juan 16:22).

El fracaso revela donde encontrar el verdadero éxito. Siempre aprendemos más con el fracaso que con el éxito. Este puede resultar de factores fuera de nuestro control, que van de la simple suerte de estar en un lugar correcto en la hora correcta, o del trabajo arduo e iniciativas. Pero al fracasar, parece fácil apuntar la causa. Si fuimos honestos descubriremos que la causa para el fracaso puede estar en nosotros mismos.
David Entendió: -Y dije yo en mi prosperidad: no seré jamás conmovido…escondiste tu rostro, fui conturbado. A ti, oh Jehová, clamaré; y al Señor suplicaré. Has tornado mi endecha en baile: desataste mi saco, y ceñísteme de alegría- (Salmo 30:6-11).

Viviendo en un mundo tangible somos tentados a confiar y depender de nuestra empresa, posición, poses materiales, habilidades y fuerzas innatas. Pero, cualquiera de ellas puede perderse en instantes. La única ancla confiable e inamovible es Dios.

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